miércoles, 22 de noviembre de 2017

Mi Perfil como Jugador

    Hay distintos perfiles de jugador, eso está claro, y a pesar de que cada uno responde a uno más o menos determinado, es cierto que a lo largo de los años se van experimentando ciertos cambios, llamémosle evolución, que hace que vayamos oscilando dentro de ese perfil en el que nos situamos, estando por momentos cerca de posiciones opuestas a las que hemos ocupado en otros momentos de nuestra vida. 

    Después de esta diarrea mental que os acabo de soltar quiero hacer esta entrada a modo de reflexión para ordenar mis ideas y cavilar acerca de qué perfiles he ido teniendo como jugador a lo largo de mi vida y en que momento me encuentro ahora.


    De pequeño está más que claro, tu poder adquisitivo te condiciona, eres poseedor de una sola consola, con un poco de suerte puedes combinar esta con un sistema portátil y nada te garantiza que vayas a poder dar el salto a la siguiente generación, menos de primeras, con lo que hay que apurar la consola que tienes todo lo que se pueda y esperar a que la generación entrante se asiente bien y bajen los precios.

    Esa situación se corresponde a mi etapa de niñez y preadolescencia, en la que yo era un feliz poseedor de una flamante MegaDrive hasta 1998, año en el que pude hacerme con una Nintendo 64. Por aquel entonces, entre mis hermanos y yo podíamos adquirir entre uno y tres juegos al año, lo que hizo que a lo largo de los cinco años que poseímos MegaDrive consiguiéramos la friolera de 8 juegos, y 6 de Nintendo 64 en los 2 años en que estuvimos metiéndole caña a ésta. Nos pasábamos el año entero probando todos los juegos que podíamos, en casa de familiares y amigos recurriendo también al intercambio de juegos en muchas ocasiones. Nos intentábamos informar mediante la prensa a fin de que, una vez que llegaban los Reyes (que era cuando podíamos pillar juegos) la elección fuera lo más acertada posible. No había margen de error, lo que pilláramos en esas fechas era a lo que íbamos a jugar el resto del año, de modo que, sí o sí, el título que elegíamos tenía que ser lo mejor de entre lo mejor.

    Esa etapa tenía sus cosas buenas, juego que pillábamos juego que rebentábamos, juego que, a la postre, ha dejado un poso en nosotros y nos ha hecho ser el tipo de jugadores que somos hoy en día, juegos que han perfilado nuestros estilos favoritos, pero que por aquel entonces percibíamos como un lastre, una limitación, y así llegó mi siguiente etapa, la adolescencia y la vida adulta.

    Ya con 16 años empecé a trabajar, y aunque no cobraba ninguna millonada, lo cierto es que manejaba una cantidad de dinero que para un chaval de esa edad es una barbaridad, así que ya podéis imaginar en que lo invertía mayoritariamente.

    A partir de aquí empezamos a tener todas las consolas que salían, completando las generaciones enteras entre mis hermanos y yo, y no solo eso, con dos chavales que trabajan (mi hermano se lleva muy pocos años conmigo) imaginaos la cantidad de juegos que empezamos a meter en casa. Un par de juegos al mes más o menos.


    Imagino que en esta situación es en la que os encontráis la mayoría de vosotros, pero si bien es cierto que guardo el recuerdo de haber tenido de todo, de no haberme perdido nada, muy pocos juegos son los que recuerdo haber disfrutado en profundidad, ya que vivía con la continua sensación de que tenía faena acumulada, que si me recreaba demasiado en algún título me estaba perdiendo otros, puesto que no paraban de salir más y más, y quería tenerlos y jugarlos, todos lo que creía que merecían mínimamente la pena... hasta que me harté.

    Llegó un momento en que me centré en una sola consola durante un par de años, en mi caso fue la Wii, jugando despacito, disfrutado los juegos que salían solo para esa máquina, y ese ritmo era capaz de llevarlo bien, al día y sin agobios, y lo más importante, sentía que me daba tiempo a rebentar 100% la máquina en cuestión. En cuanto terminé con el catálogo de Wii empecé con la Xbox 360, estando ya la sucesora en la calle, y me dispuse a hacer lo mismo, así que durante cuatro años he estado centrándome en ella para jugar a todo lo destacable de su catálogo... y bien pero con matices.

    Esta etapa me ha llevado a la última vuelta de tuerca en cuanto a mi forma de concebir este hobby. Una vez dado el salto a la Xbox One y jugado a algunos juegos que me he estado perdiendo estos últimos años, me descubro a mi mismo en una versión tan diferente del niño que fui que esperaba con ansia esos poquitos títulos y la forma de disfrutar del sector viviéndolo al día. Esta parte creo que es muy relevante, ya que no hubiera sido lo mismo disfrutar de Super Mario 64, Zelda: Ocarina Of Time, Shenmue, Resident Evil 4 o Gears Of War, a toro pasado, estando las generaciones siguientes asentadas, ya que tanto en lo técnico como en las mecánicas, para cuando les echo el guante encima, el standard de los juegos que salen de su estilo ya los han superado holgadamente, eso es algo que se puede apreciar fácilmente desde fuera, en mi caso, cuando le he dado a probar algún que otro clásico rompedor a mi primo pequeño.

    Llegados a este punto me he visto en que, debido a la mentalidad que llevaba estos últimos años, he estado devanándome los sesos por tal de decidirme entre Xbox One, PS4 o Switch, tenía que elegir una y "aprovecharla" a tope, jugando todo lo que fuera medianamente bueno, a fin de no perderme nada, y renunciar a las otras dos, motivo principal por el que he tardado tanto en dar el salto a la presente generación, y una vez en ella me he dado cuenta que si los juegos que verdaderamente me llaman la atención son cuatro mal contados, pero esparcidos entre los tres sistemas... pues me voy a ir haciendo poco a poco con los tres y voy a meterle caña a esos juegos. No pienso renunciar a Halo, ni a Gears Of War, ni a Forza Horizon, ni a AC Origins, ni a Resident Evil VII, ni a The Last Guardian, ni al nuevo God Of War, ni a Horizon, ni a Spider-Man, ni a Xenoblade 2, ni a Mario Odyssey. Y tampoco quiero jugarlos de pasada entre generación y generación porque entonces ya no me supondrán el impacto que pueden suponerme a día de hoy.


    Toda esta parrafada para nada, simplemente exponer en palabras esa diarrea mental que me viene asaltando estos últimos meses, y contrastar puntos de vista, reflexiones y demás de aquel que lo lea, puesto que siempre es curioso y enriquecedor enfrentar tus puntos de vista al de los demás.

    Espero que no se os haya hecho demasiado tedioso.

    Un saludo!!




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