sábado, 18 de julio de 2026

GOD OF WAR


Chicos, acabo de terminar por primera vez una de las cuentas pendientes más gordas que tenía en mi haber, el God Of War original de 2005. La cosa es que en su día, por h o por b, no le di y he pensado que había llegado el momento de rendirle cuentas a un clásico de semejante magnitud, así que sin más preámbulos, vamos con God Of War!

HISTORIA

Cuando uno piensa en el primer God of War es fácil que lo primero que le venga a la cabeza sea la acción, la violencia y los combates contra criaturas gigantescas. Después de terminarlo puedo decir que todo eso está ahí, pero me he encontrado con una historia bastante más interesante de lo que esperaba.

Nos ponemos en la piel de Kratos, un guerrero espartano consumido por la culpa y el deseo de venganza. Los dioses del Olimpo le encomiendan una misión que parece imposible: acabar con Ares, el Dios de la Guerra, que está arrasando Atenas. A cambio, prometen absolverle de los pecados que lleva arrastrando desde hace años.

Lo que más me ha gustado del planteamiento es que el juego nunca intenta vendernos a Kratos como un héroe. Desde el primer minuto deja claro que estamos ante un personaje despiadado. No siente compasión por sus enemigos, pero tampoco por cualquiera que se cruce en su camino.

Lo interesante es que el juego tampoco pretende justificarlo. Los distintos flashbacks nos muestran que Kratos ya era un conquistador espartano brutal y sanguinario mucho antes de la tragedia que marcó su vida. Nunca fue un hombre bueno al que las circunstancias terminaron corrompiendo. Lo que hace la historia es enseñarnos cómo esos rasgos terminan llevándolo todavía más lejos, hasta convertirlo en un hombre completamente consumido por el odio y el remordimiento.

Creo que esa es la mejor forma de definir God of War. Al final, todo encaja como una auténtica tragedia griega. Y hablando del final, sin spoilear nada, simplemente quiero dejar claro que me ha encantado.



APARTADO TÉCNICO/ARTÍSTICO

Han pasado más de veinte años desde su lanzamiento y me ha sorprendido lo bien que ha envejecido. Obviamente estamos hablando de un juego de PlayStation 2, pero sigue transmitiendo una sensación de espectáculo constante gracias a una dirección artística y una puesta en escena que me han parecido sobresalientes.

Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención ha sido la cámara. Habitualmente se habla de ella como una cámara fija, pero creo que esa definición se queda corta. Yo la definiría más bien como una cámara cinematográfica. El jugador no puede controlarla, pero está continuamente moviéndose, buscando el mejor ángulo, alejándose para mostrar la inmensidad de un escenario o acercándose cuando quiere dar más fuerza a un combate.

Al final consigue exactamente lo mismo que una cámara fija: decidir qué vemos y cómo lo vemos. Solo que, al estar "viva", tiene muchas más posibilidades. Gracias a eso el juego controla constantemente la puesta en escena y regala momentos tan espectaculares como la llegada a Atenas. Todavía hoy sigue siendo una escena impresionante.

La ambientación también me ha parecido fantástica. La reinterpretación que hace de la mitología griega me ha encantado. No pretende ser fiel a los mitos originales, sino construir una versión mucho más oscura y espectacular de dioses, monstruos y escenarios. Creo que ese enfoque le sienta de maravilla.

Y si hay un escenario que me ha conquistado por completo, ese ha sido el Templo de Pandora. Me ha parecido una auténtica lección de diseño y, para mí, representa el verdadero corazón del juego.




APARTADO JUGABLE

Probablemente aquí ha llegado la mayor sorpresa que me he llevado con God of War. Sabía perfectamente que iba a encontrar un hack & slash sobresaliente. Al fin y al cabo, estamos hablando de uno de los grandes representantes del género en la generación de los 128 bits. Lo que no esperaba era encontrarme un juego que mezclara tan bien la acción con la exploración, los puzles y las plataformas.

Toda la parte del Templo de Pandora me ha recordado muchísimo a los templos de los Zelda clásicos. Es una enorme mazmorra llena de mecanismos, caminos que se van abriendo poco a poco, puzles muy bien planteados y una estructura que invita continuamente a seguir avanzando. Sinceramente, me ha parecido una auténtica lección de diseño.

Además, el ritmo está muy bien medido. El juego va alternando constantemente combates, exploración, puzles y plataformas, consiguiendo que nunca tengas la sensación de estar haciendo lo mismo durante demasiado tiempo.

El sistema de combate sigue siendo una delicia. Las Espadas del Caos son divertidísimas de utilizar y el sistema de progresión me ha gustado mucho. Mejorar tanto las armas como las distintas magias hace que siempre tengas la sensación de que Kratos va creciendo junto con el desafío que plantea el juego.

Los combates contra los jefes también me han parecido muy inspirados, culminando con un enfrentamiento final contra Ares que supone el punto álgido de toda la aventura tanto por espectáculo como por el peso que tiene dentro de la historia.

Si tuviera que ponerle un pero sería, sin duda, el control durante algunas secciones de plataformas. En líneas generales funciona bien, pero hay momentos donde le falta un punto de precisión, llegando a frustrar un pelín por momentos, resultando en situaciones donde la dificultad termina viniendo más por la ejecución que por el propio diseño del desafío. No llega a estropear la experiencia, ni mucho menos, pero probablemente sea el aspecto donde más se nota que se trata de la primera entrega de la saga.




OPINIÓN

Cuando empecé God of War esperaba encontrarme uno de los grandes hack & slash de PlayStation 2. Eso era una apuesta segura. Lo que no esperaba era encontrarme un juego de aventuras tan bien construido.

La mayor sorpresa ha sido comprobar hasta qué punto la acción convive con los puzles y la exploración. El Templo de Pandora me ha parecido una auténtica lección de diseño. No es simplemente un escenario largo; es una mazmorra con identidad propia, llena de mecanismos, caminos que se van abriendo poco a poco y un diseño que, sinceramente, me ha recordado muchísimo a los templos de los Zelda clásicos.

También me ha sorprendido la historia. Durante muchos años la imagen que tenía de God of War era la que creo que tiene mucha gente: un juego de acción brutal protagonizado por un tipo que no para de despedazar monstruos. Y sí, eso está ahí, pero una vez lo juegas descubres que debajo de toda esa espectacularidad hay una tragedia bastante bien construida.

A nivel jugable únicamente le pondría un pero a las secciones de plataformas. El combate sigue siendo una delicia, el sistema de progresión me ha encantado y los jefes son espectaculares, pero hay momentos donde el control no termina de ser todo lo preciso que debería. No llega a estropear la experiencia, pero sí creo que es el aspecto que peor ha envejecido.

En definitiva, he terminado God of War entendiendo perfectamente por qué se convirtió en uno de los grandes nombres de PlayStation 2. No solo por sus combates o por el espectáculo que ofrece, sino porque detrás de todo eso hay un diseño de niveles fantástico, una dirección artística que sigue funcionando de maravilla y una historia bastante más madura de lo que el imaginario colectivo suele atribuirle.

Veinte años después, sigue siendo un juego que merece muchísimo la pena. Y, si como me ocurría a mí, llegáis pensando que únicamente vais a encontrar un hack & slash sobresaliente, probablemente os llevéis la misma sorpresa que me he llevado yo: descubrir que también estáis ante una aventura extraordinariamente bien construida.





No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...